Pero el tiempo siempre está en su principio y en su fin, ya que no existe tiempo alguno fuera del “ahora”, que es el fin del pasado y el inicio del futuro.
Santo Tomás de Aquino
La vida es algo así,
gente que pasa,
hojas que se desprenden y que nunca
regresarán al árbol,
recuerdos esparcidos por caminos diversos,
avatares y pausas,
soledades y encuentros.
El huésped
Soy el huésped sin nombre de una casa vacía
que no me pertenece más que a ti o a cualquiera.
Una casa de puertas y ventanas abiertas
para que entres y salgas y si quieres te quedes
para siempre una noche, solamente una vida
o el tiempo que haga falta para darle una forma
y colgar las cortinas y prender el incienso
y llenar de ilusiones cuatrocientos armarios.
Una casa sin otra soledad que la mía
y una percha marchita sin chaqueta ni traje,
con un reloj sin prisa ni paciencia ni ritmo
que se inventa las horas y deforma las tardes.
Soy el huésped vacío de una casa sin nombre
que surge de la tierra, que crece cuando llueve,
que tiembla si hace frío, que sufre y que padece
de nostalgia hacia adentro cuando nadie la habita.
Una casa sin cerrojos ni llaves, sin seguros ni trampas,
sin espejos ni sillas ni rincones oscuros.
Una casa sin otra compañía que todo
lo que no está presente, que es lo que echo de menos.
Soy el huésped sin nombre de una casa vacía
que no entiende de muros porque nunca los quiso.
Una casa que espera que la habites un día,
que quiere ser hogar pero sólo es espacio
porque aún echa de menos el tránsito de flores,
la brisa de jazmines que llevabas contigo,
sentir tus pies descalzos como dos gotas de agua,
volver a amanecer después de haber soñado.
Soy el huésped vacío de una casa sin nombre
que no es liquen ni estrella pero mira hacia el Norte
porque sabe que existes donde están las montañas
y tienes el poder de convocar las lluvias.
Una casa que guarda dos secretos y un nombre,
que desde los cimientos se ha sabido importante
y ahora pierde la fe porque nadie la nombra.
Una casa que tiene vocación de planeta
pero que se conforma con sentirse refugio.
Este lugar que habito sin demasiada gracia,
si entusiasmo apenas, como un huésped de paso.
Mi casa de cualquiera que es sobre todo tuya.
Mientras hablas
Tú dices que es absurdo poner nombre a los peces.
Hablas y con tus manos vas tocándolo todo:
servilleteros, vasos, encendedor y algunas
cicatrices de nombres grabados en la mesa.
Las palabras te envuelven como para escucharte.
Yo escucho sin palabras y no puedo envolverte,
no me atrevo a besarte para no interrumpirte,
y entonces adivinas qué es lo que estoy pensando,
porque hablas más deprisa pero a la vez sonríes.
Sabes algunas cosas e imaginas el resto,
o deduces, o inventas, porque todo es lo mismo,
como una gota de agua diminuta y constante
sobre el caparazón de los grandes secretos.
Eres digna y sencilla como una casa humilde,
también un poco triste, pero no demasiado.
Vulnerable, indiscreta, irreverente, absurda,
maravillosa, inquieta, tierna, impredecible...
Eres como tú quieres y así quiero que seas.
Tú dices que es absurdo poner nombre a los peces.
Bebes primero y brindas con la copa vacía.
Tienes algo importante que decir y, de pronto,
no encuentras la palabra. Me preguntas. Yo: “Bueno
ya sé a que te refieres, pero, sí... ¿cómo era?”
Para disimular que no estaba escuchando,
que mientras hilvanabas las dos últimas frases
yo pensaba en nosotros, pensaba en ti, pensaba
en lo poco que me costaría quererte de verdad
si no tuviera que viajar mañana...
Escuchando la vida
Escuchando cómo crecen las plantas.
Sospechando que existe una palabra que despierta la magia,
una palabra breve, perfecta como un huevo,
que no exige una voz sino un espacio.
Esperando que regrese la lluvia.
Escuchando cómo se abre la tierra,
cómo crecen los tallos,
cómo giran las flores.
Respirando el corazón de la tarde.
Despejando cualquier duda posible.
Sé que un pájaro canta en algún sitio
deshojando una verdad sin misterio.
Escuchando cómo sopla la brisa,
cómo escarba el insecto,
cómo gira un milímetro el planeta sobre su eje sin eje
haciéndonos a todos un segundo más viejos.
En silencio, escuchando la vida.
Esperando que regrese la lluvia.
Era domingo
Era domingo para las gaviotas.
Una mañana de domingo de invierno,
buenas noticias, un cielo de plomo,
un rompeolas que no rompía nada
y un barco apenas, solamente un barco.
Era domingo, tú también estabas.
Tus ojos grandes como dos preguntas,
como dos silencios llenos de palabras.
Eras sólo un gesto y un mechón de pelo.
“Yo no tengo frío”, pero tiritabas.
Era domingo para las gaviotas.
Una mañana de milagro y viento,
dudas al aire, origen y nostalgia;
el horizonte era una nube de agua,
la orilla espuma y sal y conchas y algas.
Era domingo, tú estabas segura.
Yo no había dormido pero no importaba:
estaba contigo y tú tenías la magia.
Había un barco apenas, solamente un barco.
Sólo las gaviotas y tú y yo en la playa...
Su hora libre
Con frecuencia los ángeles en su hora libre
se sientan al borde de una nube
a fumarse un cigarro con las piernas colgando
sobre el mapa lejano de este mundo
que no descansa nunca y comentan
“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”
y ese tipo de cosas y uno dice
“no doy abasto, me ha tocado una guerra”
y otro “peor es lo mío: todo el día
sin dar un palo al agua y justo cuando
me distraigo un momento, en ese instante
se me estrella un avión, y no te cuento
cómo se ha puesto el Jefe”
“No hay derecho”
“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”
y sacan bocadillos y cervezas,
rellenan un boleto de la loto,
discuten la jornada deportiva
y hablan de la parienta y los chavales
y el segundo por la derecha dice
“si no fuera por ellos mandaría
este empleo al carajo” “ya te digo”
y otro sueña con ir de vacaciones
al Gran Parque Temático del Cielo
“los críos hace mucho que me insisten
y ya he empezado a ahorrar para el verano”
“pues un día
me explicas cómo lo haces, porque aquí
te rompes las costillas trabajando
y apenas llega el sueldo para nada”
“y hay veces...” “ya te digo”
“joder, macho, qué día” “ya ves, es como todo”
y suena la sirena y abandonan
la nube del descanso, luego fichan
y regresan a su dura jornada
de muertes y milagros
aquí abajo.
Donde siempre, como siempre
Estaré donde siempre, como siempre,
para que tú me encuentres;
para que entre semáforos, cabinas y edificios,
entre gente que sube,
entre gente que baja,
entre gente que pasa sin mirarme
y gente que se queda sin mirarme
y gente que me mira sin pasar ni quedarse, me encuentres.
Quiero que tú me encuentres: que me encuentres
un refugio, un hogar, una pregunta
que no tenga respuesta
para que me entretenga en las noches de insomnio
si las paso sintigo.
Encuéntrame un futuro sin pasado molesto;
encuéntrame un silencio y un misterio,
un grito y una broma,
una risa, un regalo, una pregunta
de respuesta muy breve
para no perder tiempo en otras noches,
todas las demás noches de la tierra
si las pasamos juntos.
Estaré como siempre, donde siempre,
para que tú me elijas;
para que entre palomas, transeúntes y estatuas,
entre coches que bajan,
entre coches que suben,
entre coches que pasan sin mirarme
y coches que se quedan sin mirarme
y coches que me miran sin pasar ni quedarse, me elijas.
Quiero que tú me elijas: que me elijas
para un momento, un año,
un beso o una vida; solamente
elígeme a tu lado,
desterrémonos juntos,
busquemos un exilio sin límites ni puertas
donde no existan calles que repitan tu nombre,
una forma distinta de vivir esta vida
y las seis que nos quedan.
Vivir es la cuestión, así que aunque ambos
sepamos que es posible vivir sin engañarse,
te mentiré si quieres al decirte que te estaba esperando
a ti y a nadie más, que no me habría
marchado con cualquiera
y creeré tus mentiras si me dices
que me estabas buscando
a mí y a nadie más, que no te habrías
quedado con cualquiera.
Estaré donde siempre, como siempre,
para que tú me elijas,
para que tú me encuentres;
para que entre palomas, transeúntes, estatuas,
semáforos, cabinas y edificios,
entre gente que sube,
entre coches que bajan,
entre gente que pasa sin mirarme
y coches que se quedan sin mirarme
y gente que me mira sin pasar ni quedarse, me anuncies.
Quiero que tú me anuncies: que me anuncies
a todo el mundo a gritos y que escribas
mi nombre en las paredes y que pidas
permiso a las estatuas de los parques
para pasear descalzos
por el césped que no pisarán nunca
aunque les pertenezca,
y yo a cambio prometo defraudarte,
no ser como era el hombre que buscabas,
sino el niño que fui: mejor, si cabe,
puesto que nunca me sentaron bien los años.
Vivir es la cuestión, así que espero
en el lugar de siempre, como siempre.
Empezaré a crecer cuando tú llegues,
empezaré a vivir cuando tú quieras...
Bendiciendo la mesa
Gracias al sol, al agua y a la tierra
por la ensalada; al mar
por el pescado;
al pollo por su vida y sus pechugas;
al trigo por el pan;
a la vid por el vino.
Gracias a Dios por todo en general
y en concreto por estos alimentos
que ha puesto en nuestra mesa,
y sobre todo
gracias a ti por haber decidido
compartirlos conmigo.
Penetración al Dharma del Pez Polla
Repta
con su cabeza púrpura y su corbata de piel iluminada
buscando tus rincones; se abre paso
por entre muros blandos de amor cóncavo y suave:
rosado laberinto, pasadizo caliente,
rubor incontenible de pétalos de rosa
que envuelven su esqueleto de pez ciego embriagado.
Movimiento constante de ritmo indescriptible,
orquestas de silencio reclaman su presencia
desde el fondo del fondo de tu interior profundo.
Férreo dictador calvo, espía del absurdo,
minero incandescente de boca vertical,
pirata invertebrado, espeleólogo inquieto,
sacerdote sin orden, mensajero de instintos...
Hay un mar que no ha visto jamás la luz, un punto
de ebullición continua donde todo se funde,
una gruta de sal y pasión desatada,
un templo cuya única
religión es la vida.
La verdad está ahí dentro, como un cáliz oculto,
un resorte del alma que siempre está a la espera;
alfa y omega, savia
infinita del Cosmos:
no hay lugar para el Caos: todo está en orden:
él lo sabe y escarba penetrando tu noche,
asiste a la gran misa privada de tu sangre,
bebe amor, suda fuego, siembra luz allá abajo
y se retira exhausto, satisfecho, y sonríe
ebrio de tu perfume de algas dulces...
Lo más sensato
Construimos un pequeño universo, sólo nuestro
a base de detalles maravillosamente absurdos,
cosas sin importancia que a nosotros
nos importaban mucho y alguna que otra clave
que sólo descifrábamos tú y yo, como un sobre de azúcar
o una casa de la que nos enamoramos y que nunca fue nuestra
pero que compartimos y aprendimos a habitar desde fuera.
Fuimos subiendo nube a nube a un cielo
hecho a medida de nuestros abrazos,
con espejos de espera y de reencuentro
en los que poco a poco y sin saberlo fuimos
perdiéndonos la imagen uno al otro.
Lo teníamos todo, es decir, tanto
que parecía que nada era más fuerte
que aquella soledad acompañada
a la que nunca quise poner nombre.
Lo teníamos todo, es decir, nada
que no pudiéramos perder de un soplo.
Llegamos a entendernos sin hablar
hasta que no sé cuándo ni sospecho cómo
empezamos a hablar sin entendernos.
Y así llegó el destino, no recuerdo qué tarde,
un destino que también construimos nosotros,
y dejó caer su pie de toneladas tristes
sobre el jardín de las pequeñas cosas sin importancia
que eran tan importantes para nosotros,
arañando con sus garras de engaño y desconfianza
la piel débil y blanda del ser que éramos juntos.
Y ganó la aritmética: uno y uno
volvieron a ser dos.
Lo más sensato
fue dejar que el silencio se llevase
con su pausado cauce de agua oscura
tantas palabras que no explicaban nada.
Digo lo más sensato porque sólo
el silencio tenía las respuestas
para tantas preguntas o una sola.
¿Te acuerdas todavía de aquel cine
donde comenzó todo?
Celebrando a los muertos
Chopin, Chaplin y Joplin
Morrison, Kahlo, el Vate,
Fray Luis, Whitman, Frank Zappa,
San Juan, Lao Tse, Siddhartha,
El Bosco, Cristo, Goya,
Ducasse, Picasso, Gandhi,
Pau Casals, Luther King, Méliès, Girondo,
Santo Tomás, Machado, una mujer
de la que no sé el nombre y, por supuesto,
los anónimos, todos
los que han ido dejando
una estela de historias no contadas,
de talento ignorado, sinfonías
de días que se fueron
y nadie ha recogido
ni cifrado.
Dime
Dime que en ese corazón no habita nadie,
que no seré un ladrón si entro en tus sueños,
que el mundo es algo más que el mundo y yo.
Dime que tú también sientes lo mismo.
Dime que estoy a tiempo de quererte,
que el mañana está abierto y que hay camino.
Dime que no irás sola o mejor dicho
dime que seré yo quien te acompañe.
Ya sé que traes la luz, aunque lo niegues,
y sé que eres mil veces más y sé
que sólo veo de ti la ínfima parte
y es por eso que quiero estar contigo.
Dime que aún podría descifrarte,
que puedo ir hacia ti sin que te vayas.
Dime que no me esperas y me iré.
Dime que estás y ahí estaré, a tu lado.
Dime que aún crees que hay sueños que se cumplen,
que no toda la magia está perdida.
Dime que todavía puedo hallarte
y yo te buscaré
donde tú quieras.
Badalona Blues
Café, Tom Waits y afuera
continúa lloviendo. Todavía
se resiste la tarde. Algunas luces
empiezan a encenderse y hay paraguas
en lugar de cabezas y alguien pasa
corriendo a toda prisa: aún hay quien piensa
que no es bueno mojarse. El camarero
se acerca a preguntar si me apetece
alguna cosa más porque me ha visto
sacar papel, tomar algunas notas,
y bueno, los poetas dan prestigio
a lugares así, pero no dejan
suficentes ingresos. “Muchas gracias,
no quiero nada más.” Hay dos señoras
hablando de divorcios y linfomas,
un hombre de bigote que se cubre
los dientes amarillos cuando ríe
y una pareja que no está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico:
más bien están lanzándose palabras
al punto del pasado en que más duele
la falta de confianza. Un perro guía
pide para su amo una cerveza
“y un sol y sombra para mí, Maestro.”
Ya no hay café, Tom Waits y afuera aún llueve
y siguen deslizándose los coches
sobre el vidrio empañado. Apenas quedan
vestigios de la tarde. Ya están todas
las luces encendidas y hay paraguas
en lugar de cabezas y alguien pasa
corriendo a toda prisa porque sabe
que no es bueno mojarse. El camarero
insiste en preguntar si me apetece
alguna cosa más porque sospecha
que aún tengo para rato y me sorprende
que no me hayan echado todavía. Las señoras
aún hablan de linfomas y divorcios,
el hombre de bigote ya no ríe
pero aún tiene los dientes amarillos
y la pareja que no se decía
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico
acaba de salir por separado,
ella muy digna y él casi llorando.
No se dicen adiós. El perro guía
pide “otra ronda de lo mismo, nene”
y su amo se descuelga los cupones
y habla de fútbol, como todo el mundo.
Perdóname
Perdóname esta ausencia sin distancia,
este vagar sin rumbo como si
buscase entre dos horas un día repetido, como
si todo cuanto importa no me importase nada.
Perdóname si estoy pero no estoy contigo:
no eres tú sino yo quien se ha extraviado.
He dejado de amarte pero no de quererte, así que siento
haberte herido y verte herida, porque
jámas he pretendido hacerte daño.
Perdóname el pasado perdido, el presente de dudas, el futuro sin ti.
Te siento aquí, a mi lado, aferrándote a cosas
que nunca podré darte y que jamás
debiera haberte prometido. Todos
los castillos de arena de tus sueños
se los traga este mar de indecisiones del que he roto los diques
con sólo una palabra y dos silencios.
Perdóname el adiós que aún no te he dicho.
Perdóname y no olvides olvidarme
cuando me haya marchado. No merezco
recuerdo ni nostalgia por tu parte. No merezco
siquiera tu perdón por esta huida
tan poco digna y sin embargo espero
que sepas perdonarme y que, si acaso
no puedes olvidarme de repente,
no me odies demasiado
al recordarme.
Nana gris para que no despiertes
A veces, a estas horas, cuando es tarde
y las palomas duermen
y los gallos eléctricos preparan
sus relojes para cantar mañana,
además de los ángeles sin alas que caen de las estrellas y se rompen
los huesos contra parques y bordillos,
además del misterio de ese circo donde crecen enanos
y además del silencio que derrite
los corazones de los generales,
hay un destello de polvo azul y plata que penetra en tu casa
y te besa la frente para que sigas respirando en sueños
donde yo no aparezco,
y la imagen de un búho metafísico prendida a tu pared
vela para que todo salga bien y no conozcas nunca
las desgracias ajenas.
Cosas simples
El primero de sus pocos recuerdos es un anciano hambriento
atacando a su madre por un trozo
del pan que no tenían.
El campo estaba lleno de fantasmas de ropa,
el bosque quién lo sabe, de allí vino la gente
que les echó a patadas, culatazos y golpes
de amenaza a otra parte. A cualquier otra parte y siempre igual.
Por supuesto él lo ignora, pero es hijo
de aquel soldado que mató al marido
de su madre
(entre gritos
puñetazos y moscas le engendraron)
Hoy cumple cinco años: alguien lleva
la cuenta de sus días y le explica
por qué hay tanto silencio.
Un hombre le enseñó a cargar un arma,
“hay que estar preparado”. Apenas sabe
escribir correctamente su nombre. Aprendió pronto
a desaparecer cuando hay patrullas y hace poco
permaneció dos días escondido
entre rocas, cadáveres y zarzas.
Su amigo tiene un año más. No habla
desde la noche en la que ardió su casa. Tenía un perro
que le salvó la vida y una hermana
que no pudo salvarse. Ha visto el miedo
desvencijar a puntapiés las puertas.
Ha visto suplicar a los ahorcados.
Ha visto desfilar carros pesados como montañas
y ha visto a los aviones defecar explosivos
igual que enormes sucias golondrinas de muerte.
Ambos saben que pronto terminará la guerra:
esas son las primeras palabras que escucharon
recién llegados a este mundo en llamas. Ambos saben
que hay un lugar en el que alguien decide
las reglas de este juego: cómo y cuando
se acaba la partida. Ambos lo saben.
Ambos lo saben todo. Ambos han visto
la cara desdentada del horror e incluso a veces
logran cerrar los ojos y dormirse
aunque ese rostro les esté mirando.
Entonces, si no tienen pesadillas,
sueñan con cosas simples e imposibles:
sueñan con una casa que no arde,
con un cielo sin pájaros de muerte,
con una carretera sin patrullas
y con un campo sin fantasmas de ropa.
Con esas cosas con las que, a menudo,
sueñan algunos niños cuando hay guerra:
con un padre con nombre, con una hermana viva,
con un camino que no lleva al bosque.
Sueñan con puertas que no se abren nunca
después de la patada
de un soldado.
Adiós a Dios
Dios hace muchos años que te conozco aún
no sé cómo te llamas se me escapan
las palabras ya sé
que es inútil hablarte porque escuchas
con orejas de viento y no distingues
una plegaria de un tambor un grito
de un orgasmo de un aplauso de un trueno
que todo te resbala que todo te es igual porque en el fondo
todo es lo mismo y tú lo sabes porque
al fin y al cabo todo es cosa tuya.
Dios hace tanto tiempo que hablan de ti
no sé si existes aún no sé si es cierto
todo lo que se ha escrito tantas cosas
no sé si somos tu creación tu error o un accidente
no sé qué religión es la que acierta
tal vez tengan razón quienes te niegan
tal vez nosotros te hemos creado a ti
y no seas más que el miedo hecho palabras
un placebo intangible una mentira muy bien contada
que hemos ido creyendo y transmitiendo por los siglos
de los siglos amén
y si no fuera así
Dios hace tanto tiempo que te escondes
Dios sabe dónde que
acabarás dudando de ti mismo blasfemando negándote
convertido en escéptico o ateo
si no sales a ver a verte a hacer que te veamos
porque escúchame Dios aquí el asunto
se está poniendo feo y no parece
que vaya a mejorar la situación es más diría
que es posible probable es casi cierto
que vaya a complicarse aquí la gente
se pone muy nerviosa si las cosas
no salen como quieren unos pocos.
Dios hace mucho demasiado tiempo
que todo está estancado que la espera
se convirtió en costumbre y la esperanza
empieza a parecerse al desespero
si estás haz el favor de espabilarte
antes de que te quedes sin devotos
no lo digo por mí que nunca tuve
fe concreta sino por las personas que padecen
y aún tienen la confianza puesta en ti
para mí es algo tarde yo he ido viendo
sufrir a mucha gente que quería
y tú no hiciste nada Dios qué pasa
por qué te cuesta tanto ser humano?
Dios hace tanto tiempo tanto tiempo
que el mundo gira y cambia que deduzco
que debes ser muy viejo muy muy viejo
si de verdad todo esto es obra tuya
solamente
por eso te perdono estos descuidos
seniles que nos cuestan tantas penas
sólo si te imagino en zapatillas
cambiando de canal continuamente
olvidándote de tomar las pastillas
maldiciendo a los perros del vecino si es que tienes alguno
recordando el pasado aquellos tiempos
en los que te bastaban seis jornadas
para poner en marcha la existencia aquellos días
en los que te gustaban las manzanas
y no querías que nadie las tocara.
Dios son tantas preguntas las que tengo
y es tan poca la fe en que me respondas
que prefiero dejar de formularlas
antes de dar más vueltas al asunto
así que ya me marcho quiero decir me quedo
no me tengas en cuenta la osadía
de dirigirme a ti sin reverencias
son cosas que me impide mi carácter
nunca fui bueno con los protocolos
así que Dios adiós hasta la vista
que espero que sea tarde muy muy tarde
no tengo prisa alguna por morirme
y enfrentarme al secreto de tu secreto porque
tanto si existes como si no existes
yo sé que un día nos encontraremos
y entonces te diré cuatro verdades.
No me traigas de vuelta
Apareces de pronto
como una hermosa casualidad que hace los días más cortos,
una brisa discreta pero tenaz que llena de pétalos mi casa a través del teléfono
y hace volar uno por uno todos los papeles de mi rutina sin ventanas. Todos
los silencios estallan a tu paso, florecen las sonrisas,
las piedras se desmayan y los muros sueñan con ser de agua
para que los traspases con tu cuerpo.
Voy a tu encuentro
igual que un peregrino al que el mundo se le queda pequeño
en busca del motivo de su fe, el centro de su círculo y entonces
descubro que si el mar respira es porque quiere imitar tu aliento y los desiertos
se pueblan de frutales y de helechos
y el veneno -cualquier veneno, también la envidia- se transforma en sal
si estás lo suficientemente cerca.
No espero más de ti
que todo, como siempre, sin esfuerzo,
de esa manera natural que tienes de hacer todas las cosas.
El milagro de ti en ropa interior, la luz queriendo entrar para admirarte,
la luna agazapada en las cortinas.
Colócame las manos sobre el pecho, sálvame el alma, arrástrame la sangre,
llévame lejos, al otro lado, al lugar del que surges,
toma mi mano y una a una cada pieza de mi cuerpo y mi sombra,
constrúyeme en tu limbo, dispón de lo que soy, haz de mí lo que quieras, hazlo todo,
desvélame el secreto del origen de la vida y la muerte
una vez más, de nuevo, como siempre,
pero esta vez no dejes que me vaya:
cuando oigas las campanas de mi urgencia impídeme el regreso,
sujétame a tu ombligo y a tu piel,
no me traigas de vuelta...
Ojalá
Ojalá en el futuro
tú fueses mi pasado
y mi presente.